Elaborado por: Inés Vázquez, socia del Estudio Echecopar, asociado a Baker & McKenzie International.
 

El sector eléctrico y, en particular, el enfocado en la generación con recursos renovables, no es ajeno a los avances del COVID-19 y, al igual que las demás industrias, ésta ya siente sus efectos.  Según un informe de BloombergNEF, el 2020 podría ser el primer año, desde la década de los 80, en que se retraiga el crecimiento de generación eléctrica solar a nivel mundial.

Así, mientras que, el cierre de las fábricas en China y Europa ha conllevado la interrupción de las cadenas de suministro; por otro lado, las medidas internas adoptadas por diversos países en salvaguarda de la salud de su población, han traído como resultado que se paralice la ejecución de proyectos en fases de desarrollo y construcción.

En efecto, gran parte de las turbinas, paneles solares, baterías, entre otros componentes, tienen sus centros de producción en Asia y Europa. Por tanto, los efectos del COVID-19 que se manifestaron inicialmente en esos dos continentes, han llevado a que se interrumpan las cadenas de suministro a nivel mundial, afectando los proyectos en curso.

Otra manifestación de la afectación del COVID-19 está dada por los efectos en los proyectos en curso, especialmente los derivados de las políticas de salud implementadas por los distintos gobiernos. En el caso específico de nuestro país, se tiene que, con fecha 15 de marzo pasado, el Gobierno declaró el Estado de Emergencia Nacional hasta el 30 de marzo de 2020 (i.e. 15 días calendario), disponiendo el aislamiento social obligatorio (i.e. la cuarentena). Esta medida, si bien es necesaria y oportuna para tratar de frenar o, por lo menos, reducir la propagación del virus en el país, sin lugar a duda afecta a todos los proyectos – no solo de energía renovable – que se encuentran en fases de desarrollo y construcción.  Así, por ejemplo, la suspensión de los plazos administrativos traerá como consecuencia que se postergue la emisión de permisos y licencias necesarios para los proyectos; mientras que, para el caso de las obras en construcción, los contratistas se han visto en la necesidad de mandar a su personal a sus hogares, a fin de dar cumplimiento al aislamiento social obligatorio. Ello, hasta que el Estado de Emergencia se levante.

En esos casos, los agentes (e.g. los suministradores de equipos, transportistas, desarrolladores de proyectos, empresas constructoras) se han visto obligados, dada esta coyuntura extraordinaria, a hacer uso de las cláusulas de fuerza mayor, cuya finalidad es, justamente protegerlos ante los incumplimientos en que podrían encontrarse frente a sus contrapartes contractuales, como resultado de las circunstancias extraordinarias que estamos viviendo hoy en día.

Como sabemos, se trata de una situación extraordinaria, la que, por el bien de todos, esperemos pase pronto. Sin perjuicio de ello, es muy importante que dentro del paquete de medidas que los gobiernos implementen post COVID-19 para impulsar la economía, no olviden aquellas necesarias para el desarrollo de las energías renovables y los compromisos asumidos para la descarbonización de las matrices energéticas.